|
There are no translations available.
Me inicié en el montañismo a mediados del mes de diciembre de 1987, escalando el volcán Tajumulco, la cima más alta de Guatemala y Centroamérica con sus 4,220 metros sobre nivel del mar, ubicada en el departamento de San Marcos.
Incluso hasta estos días sigue siendo uno de los momentos más especiales de mi vida, ya que aquellos instantes fueron el principio de mi pasión por escalar, fue la causa dentro de mí de buscar siempre alcanzar nuevas metas... nuevas cumbres, de tratar de conocerme a mí mismo, de luchar siempre por la excelencia en mi vida. Obviamente tengo momentos difíciles y complicados, como toda persona, pero la montaña me ha mostrado la mejor forma de hacerle frente y con buena cara.
Ustedes posiblemente se preguntarán ¿por qué? subir montañas, incluso les puede hasta parecer esta actividad como una "conquista de lo inútil". Sin embargo, a continuación compartiré con ustedes mi pensamiento sobre La Conquista de lo inútil...
En la década de los años 60, Lionel Terray, un experto guía francés, aclaró con esta frase lapidaria el por qué se ascendía a las montañas. Cincuenta años después tiene vigencia y conviene ser repasada por todos nosotros para poder medir cómo andamos de ilusión y quijotismo, es decir cómo vivimos la juventud y cuánta dosis tenemos en el caminar.
En los últimos treinta años el mundo se ha caracterizado por sufrir una severa crisis socioeconómica, y por la lucha por satisfacer las necesidades humanas. Hay más hambre, más injusticia. La vida ha perdido sentido.
A los seres humanos se les está borrando de los ojos las imágenes de la belleza de un amanecer frío en la montaña; de un cielo centelleante de estrellas luminosas... de un frío risco recubierto de gélida nieve o escarcha.
Sólo se habla del valor del dinero, del monto de la deuda externa... de la necesidad de tener que ser alguien importante. ¿Qué lugar tiene lo inútil en nuestro mundo? Sólo buscamos el sonido de la plata, el rugir de los motores...
Sin embargo, lo que diferencia al hombre y a la mujer del bruto simiesco, es la capacidad reflexiva de contemplar, de admirar la belleza, de compartir, de introducirse en uno mismo para saber y sentir cuánto tiene de similitud con la roca, de apreciar la flor y saber cuánto está separado de ella. Sólo el ser humano es capaz de ascender por un empinado sendero y ver, sentir algo más que tierra. Sólo la mujer y el hombre son capaces de pasar sobre una superficie fría y sentir el calor de la amistad...
El ser humano es más que "el pez" que está en el mar, como decía un poeta. En este tiempo utilitarista lo inútil tiene todo el peso de lo espiritual, de lo espontáneo, de lo libre, de lo creativo...
Cuando los ojos se extasían con los fabulosos paisajes de Guatemala o cualquier otro país, desde una de las cumbres de sus volcanes, y cuando el cansancio acalambra los músculos, tienes la tentación de volverte al cómodo sillón, al buen amor, o a la televisión. Pero si reaccionas y soportas el sudor y eres capaz de pasar sed y fatiga para no dejar tu ascensión y sobre la altura dominar el paisaje... Si tú, con tu esfuerzo y entusiasmo has arrastrado al compañero a romper ataduras y has olvidado lo útil, lo remunerado, lo cómodo, es que hay en ti la vena de la persona, del libre, del constructor de un mundo luminoso y gratuito en el que sólo el humano dará calor, color y sabor a la vida.
No quiero decir que lo que facilita la vida: la luz eléctrica, el automóvil... y lo que el hombre y la mujer conquistan con su inteligencia no deba ser admirado y utilizado, pero uno utiliza las cosas sin atarse a ellas, sin esclavizarse. Sólo lo que anida en el interior del ser humano y le dinamiza el espíritu, es lo que le da posibilidad de ser ella o él. Todo está ahí sin saber que está. El ser humano es el único que sabe interpretar una armónica sinfonía.
La conquista de lo inútil es el descubrimiento y el uso de lo que está a nuestro alrededor sin ánimo de explotación, ni lucro, sin deseo de acaparamiento, ni abuso. Cuando se sumerge en el paisaje, sea del volcán, del risco, selva o roca congelada, nos identificamos con la raíz del ser humano emergido y atraído como por un imán, por Dios; y saliendo de la caverna disputada al oso, interpretamos con inteligencia y voluntad la creación.
Después de emprender, al amanecer, la ascensión hacia lo inútil se vuelve a las mujeres y hombres, fatigados, pero más fraternales, más humanos, para saber cuánta riqueza creativa hay en nosotros. No olvidemos pues: si conquistamos lo inútil hoy, estaremos conquistando las galaxias mañana.
|